
Venecia, en su período de oro de Serenísima, es una ciudad rica y comercial con una población mercantil al mismo tiempo astuta y refinada que además de la elegancia en vestirse ama la buena comida.
Los platos venecianos tienen entonces un sabor decidido y refinado que osa con acercamientos en apariencia atrevidos, pero muy logrados.
Entre los platos de la cocina lagunar hay que recordar el Higado a la Veneciana (higado cocido en la cebolla marchita en caldo y perejil) o el Bacalao a la Veneciana. Luego son muchos los platos que utilizan peces y crustáceos autóctonos de la laguna: es el caso del Risotto de gò (plato de arroz guisado y ghiozzo), la Polenta y schie (pequeñas gambitas de laguna), y las Moéche. Estos últimos son pequeños cangrejos verdes, que vienen freídos durante la muda, antes que la coraza se haga dura. El período de muda en laguna es muy breve, lo que hace de estos crústaceos un plato raro y refinado.