
En la historia de Oporto se refleja aquella de Portugal, que debe el propio nombre propio a la ciudad surgida sobre la desembocadura del Duero.
En época romana Oporto fue conocida como Cale y su puerto (Portus Cale) era entonces un importante y rico centro estratégico y comercial. Durante las invasiones barbáricas antes y musulmanas luego, Oporto se convirtió en la fortaleza cristiana del País y dio el nombre Portucale a toda la región a Norte del Duero, núcleo originario de aquel reino independiente de Portugal que sucesivamente se expandió hasta sus actuales confines meridionales. Estas tierras dieron los nacimientos en el 1109 a Afonso Henriques, hijo del conde Enrico de Borgoña y de la princesa Teresa de Castilla, y primer rey de Portugal, título que adquirió en consecuencia de la conquista de la independencia del País del dominio árabe.
Entre los siglos XIII y XVII, la ciudad siguió las suertes de la entera nación. Cuando Portugal empezó a hacerse conocer en todo el mundo como patria de grandes navegadores, inició un período de gran prosperidad por el País y por sus ciudades portuarias; luego, a partir del siglo XV, los descubrimientos geográficos se convirtieron en verdaderas conquistas territoriales y las ingentes riquezas traídas por las expediciones en Asia primero y en el sur de América después transformaron Portugal de potencia comercial a potente imperio colonial. Oporto, aunque no como Lisboa, fue también en este período un importante centro comercial. Sin embargo ya en el siglo siguiente los enormes costes de las expediciones y de un gran imperio a mantener y la frustrada cristianización de Marruecos pusieron de rodillas a Portugal, que fue una fácil presa por la España de Felipe II. La vuelta a la independencia fue gracias a los movimientos iniciados el 1° de Diciembre de 1640 (todavía recordado con una fiesta nacional, el Día de la Independencia) que pusieron fin a 60 años de dominación española.

El fin del siglo vio para Portugal el principio de una nueva edad de oro: literalmente, porque fueron descubiertos en Brasil enormes yacimientos áureos. En el Setecientos inicia la expansión urbanística de Oporto y la ciudad cambia de cara: al gótico se sustituye el barroco, por mano sobre todo del arquitecto toscano Nicola Nasoni que puso mano a la Torre dos Clérigos, a la logia de la Sé, al Igreja da Misericórdia, al edificio del Freixo y a las quintas Ramalde y Prelada; en buena parte del casco antiguo, desarrollado en altura para optimizar los difíciles espacios concedidos por la conformación del territorio ondulado sobre el que surge la ciudad, sobre los techos de los pintados palacetes son abiertos unos solares (tragaluces) para iluminar viviendas de otro modo oscuras. Todavía, mirando a la ciudad desde lo alto de uno de sus miradouros, se ve el rojo encendido de los techos alternarse al vidrio de los solares. En este período se fortalecen la presencia y la influencia cultural inglesa, favorecidas por los acuerdos comerciales (y por la pasión británica por los preciosos vinos de la región…) y consolidadas sucesivamente por el apoyo que Inglaterra prestó a Portugal para librarse de la ocupación napoleónica. A la presencia inglesa está atado no sólo el desarrollo industrial de Oporto, sino también la red de transportes tranviarios y la red telefónica (los mismos telephone boxes fueron importados desde Londres inicialmente; sucesivamente las cabinas telefónicas fueron construidas en Oporto con el mismo estilo!).
Durante el Ochocientos, en plena industrialización, el hierro se impuso en arquitectura además que en la industria: es en este período que fueron construidos los grandes puentes sobre el Duero de Gustave Eiffel y Teófilo Seyrig y el Palácio da Borsa (Palacio de la Bolsa). Es con la construcción de la parte superior del puente Dom Luís I por obra de Seyrig que inicia la expansión de la ciudad alta y el consiguiente deterioro de la baixa.
Mientras tanto Portugal estaba viviendo un continuo alternarse de golpes de estado y revueltas liberales y cerró el siglo con la total crisis económica. Se exasperaron los anhelos antimonárquicos, que desembocaron en el 1908 en el asesinato de rey Carlos I y del príncipe hereditario Luis Filipe.
En el 1910 fue proclamada la República, con Teófilo Braga como primer presidente. El desastre económico heredado por la monarquía y las profundas laceraciones internas al País hicieron exacerbar el choque social por toda la década siguiente; estamos en los años Veinte y Portugal como todo el mundo, también se encuentra a afrontar la más grande crisis económica del siglo pasado.
En 1926 un golpe militar lleva al poder al general Oscar Carmona; en 1928 la dictadura se consolida con el nombramiento a ministro de haciendas de António Oliveira Salazar, que en el 1932 se convierte en primer ministro. Su dictadura, de tipo fuertemente fascista, duró 36 años durante los que fueron prohibidas huelgas y movimientos políticos y el entero Portugal fue tenido bajo control a través de la censura, de la propaganda y de la violencia fascista de la temida Pide, la policía política.
Mientras tanto en el exterior Salazar perseguía con la política de explotación colonial de las tierras de ultramar y cualquier movimiento por la independencia en las colonias venía brutalmente reprimido por la Pide.
En el 1961 las Naciones Unidas reconocen el derecho a la autodeterminación a todos los pueblos dominados por Portugal; enseguida los independentistas se hacen adelante para reconquistar el control de sus propios Países; es una de las páginas más trágicas de la historia de Portugal, que empeñó sus propias fuerzas armadas en África para tratar de guardar un imperio que estaba ya colgado de un hilo.
Mientras tanto entre las hilas del ejército ocupado sobre el frente colonial la intolerancia por el régimen se vuelve cada vez más fuerte. Se prepara el golpe militar pacífico que el 25 de Abril de 1974 pondrá punto final a la dictadura: es la asi llamada Revolución de los claveles que, introducidos en las cañas de los fusiles, se convierten en el símbolo de la liberación. En espera de la elección de una constituyente, tomó el poder un Comité de salvación nacional, formado por militares, que restableció derechos civiles y libertad de prensa, disolvió la Pide, liberó a los prisioneros políticos y dio comienzo al proceso de descolonización.
En 1986 Portugal entra en la UE y por un cierto período emprende una serie de éxitos económicos que logran levantarlo del abismo en que Salazar y su poco duradero sucesor lo habían echado.

En los años Noventa ha empezado un laborioso proyecto de recuperación del casco antiguo medieval de Oporto, reconocido por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. En el 2001 ha compartido con Rotterdam el título de Capital europea de la Cultura y al proyecto de restauración de los antiguos edificios se han sumado el proyecto de abertura y arreglo de muchos museos, la construcción de 5 líneas de metro ligero, finalizadas en tiempos recientes, y la recuperación de la orilla sur del Duero, en Vila Nova de Gaia, que hospeda las famosas cantinas de Oporto y es uno de los más vivaces puntos de encuentro y diversión de la ciudad.