
El Mani, la última extremidad del Peloponeso, es morfologicamente difícil, caracterialmente obstinado, historicamente belicoso, mitológicamente siniestro: ahí donde las aguas del mar Jónico encontran el Egeo se cuenta que hubieran las bocas del Hades.
“Un lugar demasiado inaccesible y donde por suerte hay demasiado poco para hacer para que sea alguna vez amenazada seriamente por el turismo. Así aparece esta península a un joven e infatigable viajero inglés en los años ’50, tan seducido por el lugar que decidió de poner las raices. Los peregrinajes de Patrick Leigh Fermor vuelven a vivir en las páginas de un libro refinado y sabio (Mani. Viajes en el Peloponeso, Adelphi, 2004).
Con retraso, pero inexorablemente, y no obstante las previsiones de Patrick Leigh Fermor, los maniotas fueron los últimos griegos a convertirse, además que al cristianismo, también al turismo. Sin embargo, propio en virtud del desarrollo reciente del sector, se ha impuesto un difuso respecto de las arquitecturas originales de piedra.
Las playas son raras y escondidas. Se encuentran en particular a norte cerca de Stoupa (Kalamitsi, Fonea, Delfinia, Pantani, Katafigí) y en la punta Sur en Marmari y en Cabo Tierno. Aldeas pintorescas que hay que visitar son Kastaniá, Acrópolis, Vathia y Marmari.
Interesante museo maniota en Gythion, el antiguo puerto de Esparta, desde el que hoy salen barcos para Kithira y Creta.

**************************
Lugares imperdibles en el Peloponeso
» Corinto
» Epidauro
» Micene
» Mistras
» Olimpia
» Tirinto